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LOS DIARIOS DE HEATHMOOR

14/03/2019 09:00

Caballeros, Vikingos y Samuráis. Vuestras acciones en la Guerra de facciones han dado forma al mundo de For Honor que conocemos.

Ha llegado el momento de revivir las grandes batallas de la Guerra de facciones desde la perspectiva de los diversos héroes que las libraron.

Descubrid cómo vuestras decisiones pasadas hicieron historia en las tierras de Heathmoor.

EVENTOS DE LA GUERRA DE FACCIONES

Durante la tercera campaña de la temporada 5 de la Guerra de facciones ocurrió algo insólito. Los Caballeros se hicieron por completo con el control de Eitrivatnen. Fue un logro extraordinario en el campo de batalla. La nueva entrada de Los diarios de Heathmoor narra la historia de las batallas 26 y 27 y revela qué fuerzas de la facción de los Caballeros contribuyeron a esta victoria suprema.

LA ESTOCADA DEL PRIOR OSCURO
DÍAS 49-52 CMXV-AL

… Intenté escapar, pero tenía demasiado miedo… Aquel sombrío caballero cubierto de sangre parecía la mismísima Muerte… Vi cómo agarraba al comandante, le susurraba algo al oído y de repente… ¡lo empalaba en una maldita pica!

Fue una pesadilla. Una pesadilla de la que los Caballeros nunca despertaremos…
De un soldado desconocido de Eitrivatnen.

DESGRACIA INOPORTUNA

El Jarl Jafnhar contemplaba el encarnado horizonte mientras sus drakkars se deslizaban por las suaves corrientes del lago Eitrivatnen. Las semanas de combates habían dejado atrás una estela de muerte y fuego que teñía de color sangre el firmamento. Pero al Jarl no le importaba. Siguió adelante, pues le acompañaba un sentimiento de orgullo y confianza. En un mes había llevado a los Vikingos a la victoria en la batalla de la Barrera de Ilkarya, destruido los Eriales del león de los Guardianes y convertido en el "Rompehuesos", el primer Jarl celta de la historia vikinga.

Acabar con los Caballeros de Eitrivatnen sería un juego de niños. Completamente aislado y sin suministros suficientes para alimentar a todo el mundo, el puerto fortificado ya no era ningún refugio para las legiones de Caballeros que habían buscado cobijo en él. Se había convertido en un agujero letal que solo necesitaba una chispa para implosionar.

Jafnhar sabía que tenía los medios para convertirse en esa chispa, pero un fuerte estrépito le pilló desprevenido. Las barricadas submarinas que había levantado Badefol, el comandante de los Caballeros de Eitrivatnen, habían destruido algunos de sus barcos. Pero necesitarían algo más que unas picas de madera para detener al Rompehuesos. El trirreme del Jarl había sobrevivido a cosas peores: desde los vientos más terribles hasta las mareas más crueles.

Jafnhar alcanzó la costa y atravesó fácilmente las defensas de los Caballeros. Él y sus guerreros accedieron a los cuarteles de Eitrivatnen y se enfrentaron al comandante Badefol. Tras un combate bastante fácil contra el Caballero herido, Jafnhar arrojó a Badefol contra el suelo y blandió su poderosa hoja Caladbolg. Pero entonces una siniestra voz surgió de las sombras y susurró: "Mala ultro adsunt".

El Jarl se estremeció. ¿Vortiger estaba aquí? ¡Imposible! Aunque había pasado casi una década desde su último duelo, todavía podía sentir el dolor de la hoja del Prior oscuro clavada en su muslo. Fortalecido por su sed de venganza, el Celta se alejó de Badefol para enfrentarse a Vortiger.

Las hojas chocaron con gran estruendo. Tras lo que parecieron varias horas de combate, el Prior oscuro se tambaleó por primera vez. Era la oportunidad que buscaba el Rompehuesos para derrotar a su adversario. Lo golpeó con fuerza para romper su guardia, pero Vortiger se mantuvo firme tras su enorme escudo. ¿Cómo era posible? ¡Nadie había resistido nunca el poderoso golpe de Caladbolg! Furioso, el Jarl se abalanzó sobre el Prior oscuro, pero de pronto sintió un dolor tremendo en el pecho. La espada larga de Vortiger le había destrozado la clavícula. La oscuridad nubló los ojos del Celta…

Mientras todo quedaba en silencio, el Prior oscuro levantó su escudo de lágrima y envió al Rompehuesos al majestuoso salón del Valhalla.

LA OSCURIDAD CRECE

A pesar de la derrota de Jafnhar, los Caballeros no aceptaron a Vortiger como su nuevo salvador. En Ahsfeld, las acciones que había realizadas bajo el mandato de Apollyon habían dejado muchas cicatrices, y deseaban que Vortiger se enfrentara al juicio de los Justicieros.

Lo encerraron en una oscura celda, junto a una joven ladrona llamada Aguri. En cuanto vio a Vortiger, la joven suplicó ayuda a los dioses. Aunque no era una guerrera, lo sabía todo sobre los Priores oscuros, los indisciplinados Caballeros cuya misión era sacar a los "lobos verdaderos" para los Piedranegra. Su miedo fue en aumento cuando un extraño halcón se acercó volando a la ventana de la celda y el Prior oscuro le habló en latín.

En ese momento Vortiger se ciñó los brazales y la ladrona advirtió algo sorprendente en sus ojos. La ausencia absoluta de miedo.

De repente, las paredes de la celda empezaron a desmoronarse. Acobardada en una esquina, Aguri oyó gritar de terror a los debilitados soldados de Eitrivatnen. Su líder se encontraba en el campo de batalla, pero Daimon, el daimio de los Samuráis de Westhold, estaba atacando el puerto junto a su enorme ejército. Asiendo su escudo y su hoja de plata, Vortiger se internó en la niebla rojiza, envuelto en una lluvia de explosiones.

La joven ladrona lo observó alejarse. Entonces supo que Vortiger no le tenía miedo a nada porque él era la encarnación del miedo.

Durante un instante, miles de halcones oscurecieron los cielos de color carmesí. Entonces aparecieron más Priores oscuros entre la multitud y asesinaron a todos los Samuráis. Tras más de una década de silencio, los Priores oscuros de Vortiger concedieron a los Caballeros la victoria en la batalla de Eitrivatnen y bendijeron los muros de su nuevo hogar con la sangre de sus innumerables víctimas.

UNA SENDA DE AGONÍA

Badefol, el comandante de los Caballeros, había dejado Eitrivatnen en manos de sus mejores lugartenientes mientras daba caza a los seguidores de Jafnhar por los Eriales del león. No esperaba que los Samuráis atacaran el puerto con tanta rapidez. Pero debería haberlo imaginado pues, al fin y al cabo, Daimon el Rapiñador tenía fama de buscar victorias fáciles en territorios debilitados.

En el fondo de su corazón sabía que, sin los Priores oscuros, Eitrivatnen habría acabado en manos de los Samuráis. A pesar de lo mucho que se había esforzado en controlar a Vortiger y sus Caballeros, los dioses no le habían sonreído. Sin embargo, seguía planeando llamar a los Justicieros a su debido tiempo para llevar a estos lobos ante la justicia.

Badefol luchó con más ganas en los grandes campos de Westhold con la esperanza de vencer rápidamente a los Samuráis. Pero Daimon se guardaba un último as en la manga: una alianza secreta con los Vikingos. Cuando el comandante vio que los guerreros Vikingos cargaban, supo que el fin estaba cerca. Aun contando con la ayuda de los Priores oscuros, nunca podrían derrotar a un gran ejército, y mucho menos a dos.

Aquella fue la última vez que Badefol subestimó a los Priores oscuros. Una bandada de halcones apareció en el polvoriento horizonte y el comandante de los Caballeros vio avanzar ballestas y trabuquetes en los que ondeaban los estandartes de los Priores oscuros. Al principio se sintió esperanzado, pero cuando las máquinas se acercaron, se quedó horrorizado.

En aquellas estructuras rodantes había cientos de cadáveres clavados: Vikingos, Samuráis y… demás muertos del campo de batalla, no solo enemigos. También Caballeros. Las máquinas de guerra exhibían a los compañeros de Badefol como si fueran grotescos muñecos cubiertos de sangre.

Los Samuráis y los Vikingos se quedaron paralizados ante aquel horror. Nunca nadie había profanado a los suyos de manera tan enfermiza ni provocado tal escarnio. Como auténticos maestros de la guerra psicológica, Vortiger y los Priores oscuros supieron sacar provecho de la conmoción. Cargaron entre la niebla rojiza con fiera precisión y se hicieron con la victoria.

Pero Badefol no había terminado todavía con Vortiger, el hombre que había profanado a sus muertos. Miró fijamente al demonio y blandió la espada. Los Justicieros no se encargarían de aquella bestia. Lo haría él. Pero se equivocaba. Vortiger desarmó al comandante y, tras apuñarlo en el corazón, le susurró al oído las últimas palabras que Badefol oiría en su vida.

EPÍLOGO

Los refuerzos de la Fortaleza de Beaufort llegaron demasiado tarde. Los Priores oscuros ya habían reconquistado todos los territorios próximos a Eitrivatnen. A pesar del largo mes de asedio, los Caballeros nunca habían perdido Eitrivatnen.

La Guardiana Rhoswen fue la primera en llegar al puerto y contemplar el horror en el que se había convertido. Además de Badefol, había cientos de Caballeros, Samuráis y Vikingos empalados, desmembrados o colgados como burdos espantapájaros.

"Ellos nos temerán y nosotros, los Caballeros, gobernaremos", susurró el Prior oscuro, que apareció detrás de Rhoswen. La Guardiana no dijo nada. Sabía que la oscuridad había arraigado con fuerza en los corazones de aquellos Caballeros…

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